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En la época de ver más películas de terror del año, queremos proponerte una guía de localizaciones a tono con la temporada. Si el cine español se ha destacado en el último par de décadas por grandes taquillazos del susto y los gritos es también por haber sabido elegido los parajes más acongojantes de nuestra geografía, desde edificios centenarios en el centro de Barcelona hasta palacios aislados en mitad de Asturias… o entrañables pueblos blancos con un secreto en su interior.
Así las cosas, nos atrevemos a recomendarte las localizaciones más terroríficas del cine español:
El número 34 de la Rambla de Cataluña, en pleno centro histórico de la capital catalana, es célebre por ser el escenario de [REC] (2007), la claustrofóbica obra maestra de Jaume Balagueró y Paco Plaza. Conocido como ‘casa Argelich’, por pertenecer durante décadas a la familia de dicho apellido, que la levantó en 1914. Es desde 2023 un edificio de oficinas. Se han llegado a rodar hasta 95 películas entre sus paredes, y en su última época como inmueble de viviendas llegó a estar casi deshabitado no por los precios del alquiler, sino porque nadie quería mudarse allí. Tenía fama de estar encantada.
El orfanato (2007) convirtió en punto de peregrinación este palacete cerca de la costa asturiana que financió el dinero de un “indiano”, como se conocía en la época a los migrantes que regresaban de América millonarios. Para el caso, Faustino Parrés, al que heredó su sobrino José, el cual mandó construir la residencia en 1898. También fue el escenario de Mi nombres es sombra (1996), de Gonzalo Suárez, una revisión españolizada del mito del Doctor Jekyll y Mister Hyde. No se puede visitar por dentro.
Sin marcharnos muy lejos, pasando de Asturias a Cantabria, toca hablar de la localización única de la película española más taquillera de todos los tiempos: Los otros (2001). El aire victoriano de la residencia de la Marquesa de Cilleruelo, que lo mandó construir a finales del siglo XVIII, hizo pasar Cantabria por el Canal de la Mancha para que Nicole Kidman persiguiese fantasmas. Hasta entonces nunca se había utilizado para rodajes, pero más tarde se grabaron allí escena de El viaje de Carol (2002) y hace poco de la serie Valle salvaje (2024). Aunque no se puede visitar por dentro, hay varias rutas de senderismo en la zona que llevan hasta él y en las que se puede contemplar.
Inaugurado en 1388, parte de varias rutas patrimoniales de la Comunidad Valenciana, como la de los Monasterio de Valencia o la relacionada con la familia Borja. Su larga existencia y las visitas de diferentes reyes, sean de Aragón o de la actual España, la han dotado de una gran variedad de estilos y elementos patrimoniales. A nosotros nos interesa por una visita más reciente, la de Paco Plaza con Hermana Muerte (2023), una historia de monjas poseídas para Netflix que es precuela de la exitosa Verónica (2017).
En realidad torre, palacio y capilla, perteneciente a la familia Cuervo de Arango y del siglo XV, aunque parte de su estructura puede ser más antigua. Es el escenario de El secreto de Marrobone (2017), de Sergio G. Sánchez, y aunque tanto el autor como el espacio sean asturianos, en la ficción pasó por los mismísimos Estados Unidos de América, en concreto Maine, haciendo las veces de una granja abandonada con secretos sobrenaturales en su interior. Ojo, que lo hizo también porque se encuentra en un estado de conservación bastante precario y ya no se puede visitar más que por fuera por el peligro que supone.
Nacido a finales del siglo XVIII por iniciativa, o capricho, de la Duquesa de Benavente y esposa del Duque de Osuna, el Parque del Capricho de Madrid tiene su buena colección de leyendas fantasmales sin necesidad de rodajes. Pero es que entre laberintos, templetes, estanques y pasadizos, más el famoso búnker de la Guerra Civil, el espacio no tiene desperdicio. En los 70 estuvo tan de moda que podía ser en un mismo año Europa Central o París, el siglo XX o el XVIII. Allí se han rodado, entre muchas otras, El diablo se lleva a los muertos (1973), Asesinatos en la Calle Morgue (1971) o El gran amor del Conde Drácula (1973). El parque se puede visitar en horario laborable, para el búnker hay que pedir cita en algunas de las visitas guiadas que organiza el Ayuntamiento de Madrid.
El templete al dios Baco, protagonista del jardín inglés. Foto: Hugo Palotto.
Este municipio de algo más de 4.000 habitantes en el límite entre la Comunidad de Madrid y Castilla-La Mancha acogido en sus calles centenares de rodajes de todo tipo, pero sobre en su mayor parte películas históricas… y de terror. El monte de las brujas (1972), La saga de los Drácula (1972), Una vela para el diablo (1973), La noche de las gaviotas (1975), Akelarre (Pedro Olea, 1983), o, una de las más conocidas, El espinazo del diablo (Guillermo del Toro, 2001). Un puente romano, monumentos románicos y mudéjares y un espacio natural privilegiado la convierte en escenario ideal. Por rodar, se rodó allí hasta escena de Conan el bárbaro (1982). Tiene, por supuesto, su ruta turística y senderista dedicada a localizaciones de cine.
Este tiene truco. Creado en 1952 como sanatorio para tuberculosos, estuvo activo oficialmente hasta su cierre en 1997, aunque en ese momento ya llevaba casi una década semiabandonado y con toda clase de leyendas sobre fantasmas a su alrededor. En 2004 la Generalitat de Cataluña y el Ayuntamiento de Tarrasa lo convirtieron en el Parque Audiovisual de Cataluña, es decir, su uso actual es acoger rodajes. Allí se rodó [REC] 2 (2009) y otras cintas de terror como Los ojos de Julia (2010) o Agnosia (2010). Hace poco se ha convertido en sede de la Academia de Operación Triunfo a tiempo parcial y en 2023 uno de los concursantes contó que se había encontrado con un… “ente”.
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