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Cuentan los historiadores que los monjes de la Orden del Císter que habitaron durante siete siglos el Monasterio de Santa María de Valbuena seguían esa esencia espiritual de san Benito recogida en la máxima ora et labora. “La ociosidad es enemiga del alma”, sostenía el fundador de la orden benedictina, para quien todo era trabajo, rezo y silencio. Desde el siglo XIX ya no habitan aquí los religiosos y la propuesta del hotel cinco estrellas que ahora ocupa este conjunto arquitectónico es muy distinta para sus huéspedes: desconectar del mundo en el entorno natural de la Ribera del Duero, beneficiarse de las relajantes aguas termales de su balneario y disfrutar de los vinos y la gastronomía con la mejor compañía.
A los pies del río Duero, rodeado de viñedos de tempranillo, entre otros los de la bodega Vega Sicilia que se fundó en este mismo pueblo de Valbuena (provincia de Valladolid), el hotel Castilla Termal Monasterio de Valbuena abrió sus puertas en el verano de 2015, en plena Milla de Oro de la Ribera del Duero. Fue el primer hotel-balneario cinco estrellas de Castilla y León, y sigue el propósito de su propietario, Roberto García, de “recuperar edificios históricos situados en entornos rurales de interés cultural y con subsuelos ricos en aguas termales”, según explican desde el equipo de Guest Experience. Los muros de piedra del Monasterio de Santa María dan cobijo a los huéspedes, que tienen el lujo de descansar y contemplar uno de los conjuntos de la arquitectura cisterciense mejor conservados de Europa.
El Monasterio, hoy sede permanente de la Fundación Las Edades del Hombre, está a punto de celebrar sus nueve siglos de historia, desde que la condesa Estefanía de Armengol lo mandó construir en el año 1143, para dar cobijo a los monjes benedictinos, que quedaron adscritos a la Orden del Cister en 1151. Hasta las desamortizaciones de principios del XIX, aquí vivieron los religiosos, junto a trabajadores laicos, cultivando las huertas, engordando anguilas y plantando esos primeros viñedos que, con el paso del tiempo, dieron tanta fama a esta comarca vinícola. El claustro medieval, uno de los más bonitos de España, ejerce de patio interior del complejo hotelero -se puede visitar aunque no se esté alojado-, mientras que el superior, donde se combinan elementos de estilo gótico y renacentista, sirve de distribuidor de las habitaciones.
Las 79 habitaciones, algunas conservando los muros originales de la parte histórica del Monasterio y con vistas a las viñas, a la iglesia de Santa María o a la ribera del río, se dividen entre 25 superiores, 22 deluxe, 30 junior suites y 2 suites especiales: del Mirador y del Tesoro. La primera tiene 71 metros cuadrados, zona de estar con terraza y un amplio y luminoso dormitorio con bañera exenta desde la que contemplar los viñedos vecinos de Vega Sicilia. La segunda, de 107 metros cuadrados y sauna propia, recibe su nombre al estar situada justo encima de la Capilla de San Pedro. Este espacio funerario, ubicado a la derecha del altar del templo, fue mandado construir por Estefanía de Armengol, la fundadora, y es la sala con mayor riqueza decorativa de época medieval de todo el conjunto. En sus capiteles y arcosolios lucen policromadas pinturas de batallas, reyes músicos y escenas cortesanas que encierran historias de amor -como la de la hija de Estefanía y el rey Alfonso VII, que tuvieron descendencia siendo amantes-.
Las aguas termales son también uno de los principales atractivos del hotel. No solo para relajarse en su amplio balneario de 2.000 m2, sino también porque las aguas del manantial de San Bernardo tienen “propiedades mineromedicinales, indicadas para tratamientos digestivos y metabólicos, y que mejoran la actividad de las células hepáticas”, según explican. La zona del spa cuenta además con una zona reservada que recrea la Capilla de San Pedro en un ambiente íntimo, perfecto para parejas. En todas las estancias, los huéspedes disponen de geles y champús confeccionados con aguas termales del manantial de Sancti Spiritus, en Olmedo, cuyas propiedades, según indican, son buenas para la piel.
Como reminiscencia de la vida monacal, en Castilla Termal han recuperado el huerto, un gallinero y el viñedo. Frutas y hortalizas se cultivan en ecológico para abastecer a los diferentes espacios gastronómicos del hotel, con el asesoramiento del hortelano Luis San José, tercera generación de agricultores cuyos espárragos de Tudela de Duero son muy afamados. En un gallinero cercano se crían unas 30 gallinas de la raza castellana negra, en peligro de extinción, cuya recuperación se está intentando impulsar. Una de las peculiaridades de estas aves es que ponen un huevo cada dos o tres días, por lo que se reservan para algunos platos del menú degustación del restaurante Converso. En esta zona, cercana a la orilla del Duero, se conserva el antiguo anguilero, que utilizaban los monjes para engordar ejemplares pescados en el río y en el que se está trabajando para darle algún uso.
Arrancar con un desayuno galardonado como el mejor de hotel en Madrid Fusión 2026 es todo un lujo. Panes y bollería llegan cada día del obrador Tinn, en Quintanilla de Onésimo, los embutidos ibéricos son de la marca Nieto, se ofrece una gran selección de quesos locales (Quevedo, La Setera, La Cruz del Pobre, Campoveja…), mantequilla fermentada Pintonuda y la miel artesana de Fuentepalacios, elaborada con las colmenas que tiene Castilla Termal en Olmedo. En la carta del restaurante Monasterio se combinan platos de tradición castellana con toques más modernos, como el bacalao con sopa de ajo y crujiente de ibéricos, las albóndigas de jabalí con chirivía en texturas o el arroz meloso de panceta de cerdo y setas.
Es, sin duda, en el restaurante gastronómico Converso (RGR 2026) donde el comensal hace un recorrido por la amplia despensa y viticultura de Castilla y León. Con el asesoramiento del chef Miguel Ángel de la Cruz (con Dos Soles en La Botica de Matapozuelo) y Manu Sanz al frente de la cocina, se ofrecen dos menús (Essentia -10 pases- y Centum -13 pases-) con platos en los que se trabajan verduras y hierbas de la propia huerta, trucha de la montaña palentina, langostinos de Medina del Campo, caza menor y mayor -como el paté de pichón con algarroba, el escabeche de conejo o el pastelón hojaldrado de corzo y cebolla caramelizada-, yemas de huevos de las gallinas castellana negra con trufa de Canalejas de Peñafiel, o esos fetiches que nunca faltan en la cocina de Miguel Ángel: las setas de temporada, la piña verde del pino piñonero y los piñones.
La bodega, como no podía ser de otra forma, es una oda a la Ribera del Duero. La cava está situada en la zona que utilizaron en su día los monjes y los conversos -los laicos que trabajaban y vivían con los religiosos- para preparar su vino. “Contamos con más de 300 referencias en tintos y unas 250 en blancos de todos los rincones de España y de las principales regiones vinícolas del mundo. Conviven grandes etiquetas con pequeños proyectos que también sorprenden a los más entendidos. Muchos de nuestros clientes, por la zona en la que estamos ubicados, se sienten atraídos por el enoturismo y el hotel también es una puerta para darles a conocer el territorio fuera de los lugares comunes”, explica Rafael Tapia, director de Alimentos y Bebidas. Además, la finca cuenta con un viñedo de 4,5 hectáreas de la variedad tempranillo, con el que elaboran -en la vecina bodega Valdebodega- unas 20.000 botellas de su propio ribera, bautizado Converso como el restaurante.
Castilla Termal cuenta con otros cinco hoteles-balneario que siguen la misma filosofía de recuperar edificios históricos en entornos naturales y culturales. El último en abrir sus puertas, en 2026, ha sido el Palacio de Avellaneda, un palacete renacentista del siglo XVI en Peñaranda de Duero (Burgos). Se suma a los ubicados en la antigua Real Fábrica de Paños del siglo XVIII de Brihuega (Guadalajara); el de Burgo de Osma (Soria), construido sobre la Universidad Renacentista de Santa Catalina; el de Olmedo (Valladolid), levantado sobre las ruinas del antiguo convento de Sancti Spiritus; y el de Solares, en un edificio emblemático que en su día fue declarado la primera estación termal de Cantabria.
HOTEL CASTILLA TERMAL MONASTERIO DE VALBUENA – C. Murallas, s/n. San Bernardo (Valbuena de Duero). Valladolid. Tel: 983 683 040.
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