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Una buena forma de acercarse a la cocina de Farigola & Menta, en Torrens, es su menú de mediodía, servido de martes a viernes. Desde el minuto uno te darás cuenta de que su propuesta se sale de lo convencional. A David Joaquín, chef y fundador de este restaurante que ya cumple 20 años, le gusta jugar y mezclar sabores y culturas. Por un precio de 30,90 euros, su menú se compone de pan, alioli de mango, dos entrantes, principal y postre. Hay mucho dónde elegir: desde el ajo blanco de macadamia con cococha de bacalao, al boeuf bourguignon sobre causa limeña; el falso risoto de mar y remolacha; o la barbacoa koreana con verduras encurtidas y beurre blanc de coliflor fermentada. La torrija salada de cochinita pibil es uno de sus hits y lo puedes pedir como entrante.
Sonia y Reynol están al frente de El Portal de Albarracín, un restaurante familiar que honra el producto tratándolo con mimo en una antigua casa de madera de sólo seis mesas. Cocina honesta y de proximidad que se refleja en dos menús de pura temporada: “Nuestra esencia” de 45 euros y “Clásicos” de 35 euros. El primero propone una experiencia para dejarse sorprender; mientras que el segundo presume de los platos de siempre y de los sabores de memoria. Ternera de Aliaga con coliflor tostada, pato de los Monegros, capelletti de perdiz y queso azul de Búnker, pimiento rojo con papada IGP Teruel y sardina o ciervo de la Sierra de Albarracín con tupinambo son algunas de sus propuestas. En los postres triunfa su afamada tarta de quesos de la tierra. Imposible resistirse.
En el corazón de Barcelona, Jordi Tarrés (ex Celler de Can Roca y Hisop) propone en Prodigi una carta de cocina catalana creativa que bebe de los recuerdos y del producto de temporada. Su menú de mediodía es una buena oportunidad para probar su cocina por un precio de 38 euros (sin bebida). En él propone desde un cremoso de pollo con piel crujiente, pera, mostaza encurtida y ponzu; a unos ñoquis de patata con salsa de setas y kimchi, salteado de setas de temporada y aceite verde; un curry de verduras braseadas con calabaza; una pechuga de pollo de pagés con cremoso de boniato, salsa de fricandó, maitake braseado y chips de boniato; o un pescado del dia con salsa verde coliflor, tirabeques braseados, cremoso de chirivía y aire de leche de coco. De postre, esta temporada ofrecen una tarta de calabaza con sopa de chocolate blanco especiada, helado de granada y crumble de avellanas.
En el barrio valenciano de Ruzafa, el restaurante Dos Estaciones ofrece 4 menús, dos de ellos por debajo de los 50 euros: el menú express, de 39; y el degustación por 49. Dirigido por la pareja formada por Alberto Alonso y Mar Soler, su cocina es muy mediterránea y responde a las estaciones. El menú express está pensado para quienes buscan un menú corto y rápido entre semana (con un aperitivo, dos entrantes, pescado o carne, y postre); mientras que el degustación suma un entrante y un principal más, para tomárselo con más calma. Ostra valenciana con apio y manzana verde; habas, pato, hierbabuena y arrop; paletilla de cordero, berenjena, hierbabuena y harissa; o merluza, patata chafada ligado con pilpil de merluza y jugo de pimientos en salmuera son algunos de los platos de invierno que encontramos en su carta.
Situada cerca de la Giralda, la barra omakase de Kinu es una de las más deseadas de Sevilla. Pedro González es su itamae y deleita a todo aquel que se sienta frente a él con bocados nipones de lo más sugerentes. Entre sus menús, el más económico es el ejecutivo. Por 40 euros, puedes degustar siete pases que van desde el arroz Koshihikari con yema y alga Aonori, a una secuencia de cuatro nigiris -pargo, gamba, pez limón y ventresca- y un Negitoro Hosomaki de ventresca de atún, cebollino y nori. En todos ellos, Pedro busca la máxima calidad de los pescados, todos traídos de la lonja de Isla Cristina, en Huelva, menos el atún rojo que es de Balfegó (Tarragona). Como colofón dulce, un gâteaude chocolate negro y sal.
La barra omakase de Kinu es una de las más deseadas de Sevilla. Foto: Javier Sierra.
Cervus es otro de los nuevos Soles que democratiza su propuesta gastronómica con un menú corto de mediodía que sirven a mesa completa (además de otros dos menús degustación). Por 40 euros y sin incluir bebida, en esta temporada se pueden degustar platos como el ramen de escudella; el tatin de puerro, mató y sardina ahumada; el arroz de costilla y col o la dorada con milhojas de patatas. Cambian los platos todas las semanas. De postre, siempre tienen un tocinillo de cielo que es una locura. Al frente están Lucía Fernández y Nil Bono. Ella andaluza y él catalán, su propuesta se basa en elaboraciones catalanas pero con muchos guiños al sur de España, tanto en el plato como en la copa.
Lucía Grávalos despliega una cocina de producto y conciencia en esta casa de comidas de aires bistró en pleno barrio de los Austrias de Madrid. La carta de Desborre está basada en verduras de huertos ecológicos, carnes de ganaderías en libertad y pesca sostenible, además de contar con pequeños productores que nutren su despensa. Su petit Menú, por 48 euros, es el más económico y un primer paso para descubrir su cocina. Incluye aperitivos de la casa, el torrezno suflé -panceta de pasto en dos cocciones, acompañada de mayo kimchi y pico de gallo a la hierbabuena-, un falso risotto de calabaza con tierra de parmesano y bombón de queso ahumado Valdeón; y bacalao con pilpil de ajos asados y espinacas. Para el postre recupera la receta de la yaya de la tarta de queso, pero con un giro de tuerca. No incluye las bebidas pero sí el café.
La chef Lucía Grávalos. Foto: Sofía Moro.
La casa donde la Familia Pacheco crió y su antigua bodega forman hoy el espacio enogastronómico bautizado como La Casa de los Abuelos. Además de un coqueto alojamiento, encontramos un restaurante donde la chef Ana Jose García prepara menús de cocina tradicional de Jumilla con aires de modernidad. Su menú Raíces ofrece por 50 euros distintos platos a elegir como pastela de bacalao y puerro, lentejas con manzana, setas, castañas y foie, gazpachos jumillanos, salmón a la parrilla con verduras braseadas, carrilleras al vino tinto con parmentier de patata y boniato, o costillas de cabrito a la brasa con patatas al ajo cabañil y su huevo frito. Incluye un maridaje con 4 vinos y una visita guiada por la Bodega Viña Elena y sus viñedos. No falta tampoco el postre de la casa y café.
Este restaurante de La Latina de Madrid, dirigido por Aitor Sua, Lucas Fernández y Miguel Vallés, abraza la fórmula de menú corto de toda la vida: entrante, principal y postre. A un precio de 51 euros, es una gozada sentarse a la mesa de Trèsde y dejarte llevar por sus propuestas donde brillan las verduras de navazo y la cocina de mercado con aire afrancesado. Difícil elegir entre los tres primeros y tres segundos que ofrecen en la carta de invierno: ensalada de alcachofa y puntarelle; verduras de invierno, crema de garbanzo Pedrosillanos y helado de pimentón de la Vera; consomé de pasta Conchiglie y albondiguitas; Carrillera guisada y verduras al dente; Aguja de cerdo Ibérico; Chalota asada y salsa Bearnesa; o lo que haya dado la lonja ese día. En los postres, dudarás entre el Semifreddo de Tupinambur o la Pannacotta con vinagreta cítrica. Tendrás que volver para probarlo todo.
Aquí se apuesta por el menú tradicional de entrante, principal y postre. Foto: Sofía Moro.
Todo aquel que visita Hervás debe saber que este restaurante es un auténtico referente gastronómico de la comerca. Su carta realza el recetario tradicional extremeño y los productos del Valle de Ambroz en platos que muchas veces son una sorpresa. Además de carta, tiene un menú corto que cuesta 52 euros e incluye siete pases más los postres (y sin bebida) donde se sirven platos como la flor extremeña con cremoso de morcilla de calabaza, encurtido y miel de Hervás; gildas ibéricas; bacalao al estilo tradicional de convento; ensalada de cítricos, sardina ahumada y vinagreta de maracuyá; o pluma ibérica de bellota, patatas revolconas y salsa de miel de Hervás y ajos, entre otros.
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